viernes, 16 de noviembre de 2007

Con premeditación y alevosía...

Te perdono el montón de palabras
que has soplado en mi oído desde que te conozco.
Te perdono tus fotos y tus gatos,
tus comidas afuera,
cervezas y cigarros.
Es más, te perdono andar como tú andas,
tus zapatos de nube,
tus dientes y tu pelo.
Te perdono los cientos de razones,
los miles de problemas,
en fin… te perdono no amarme…
Lo que no te perdono es haberme besado con tanta alevosía
(tengo testigos: un perro, la madrugada, el frío),
Y eso sí que no te lo perdono,
pues si te lo perdono,
seguro que lo olvido.


¡¿Se podrá perdonar tanto?!