miércoles, 12 de agosto de 2009

El Dadaísmo en Venezuela o cómo convencer al gobierno de que haga otras vainas

Me dediqué esta semana que comenzaron mis vacaciones a recuperar algunos hábitos que había dejado a un lado por razones diversas. Uno de ellos la lectura recreativa, (estoy leyendo un par de textos de Alejo Carpentier) y el otro, disfrutar de una de las novelas colombianas,(las mejores de habla hispana según dicen), que están dando por Venevisión. A mí la verdad me encantan estas novelas porque así el tema tratado sea el más chocante o trivial, uno termina riéndose por la manera en que los personajes resuelven entre jocosidades y lágrimas sus propios dramas. Esto sin mencionar el asombro que me producen los giros lingüísticos tan interesantes y curiosos que tiene el español “colombiano” y sobre todo la carga de sinceridad que tiene su lenguaje. Sobre todo esto último.

De buena parte de esa sinceridad sí he tenido que privarme viendo “Muñoz vale por dos” y no porque los novelistas colombianos se hayan convertido en unos mojigatos, sino porque a Gustavo Cisneros, después que Venevisión fue algo así como la segunda casa de Acción Democrática y uno de los laboratorios donde se fraguó el golpe de estado del 2002, le dio por aparentar que “yo no fui”, le dio por una tal información “veraz y balanceada” y le dio por una programación que “respeta” al ciudadano, cuyo fin es proteger a los usuarios de cualquier cosa horrible que los incite a la violencia. Por eso, cada vez que los personajes de la telenovela dicen una “procacidad”, la procacidad no se oye. Es más: cada vez que uno de los personajes dice homosexual, ron o pocker o sexo, que no representan actos de violencia, porque de lo contrario tendríamos que censurar al ex alcalde Juan Barreto y hasta el mismísimo doctor Bianco que anda hablando del Kamasutra de un natural que ni el Salto Ángel, cada vez que pasa eso, decía, tales palabras tampoco se oyen. Y como para que todo quede de lo más nice, en lugar del odioso pitico que se reservaba para que mi abuelita no se ruborizara, la “grosería” se censura con un sonido musical, agradable y sinfónico, me atrevería a decir que relajante, de esos con los que uno se siente moderno y civilizado y que suelen escucharse en los consultorios de las clínicas privadas, o en el Hotel Intercontinental, que es casi lo mismo pero sin piscina.

Como hacía tiempo que no veía televisión con la atención necesaria, me quedé a ver si la medida alcanzaba al resto de la programación, léase noticieros, programas de opinión e incluso cadenas presidenciales, y de pronto me imaginé una entrevista a Ramos Allup o al señor Alberto Federico Ravell e incluso un “Aló Presidente” en la que estuvieran no sólo los camarógrafos y el periodista, sino una trilogía de jóvenes de la Orquesta Sinfónica Juvenil con el único propósito de que cada vez que las distinguidas personalidades dijeran una de las suyas, los académicos entonaran una de Bethoveen o por lo menos la introducción de “Besos en mis sueños” de Augusto Brandt. Esto, pensé, sería toda una maravillosa novedad, porque los venezolanos estaríamos estrenando una forma de expresión única del “arte” televisivo que uniría dos tendencias culturales: el Dadaísmo, en lo que se refiere a “buscar la renovación de la expresión mediante el empleo de materiales inusuales o manejando planos de pensamientos antes no mezclables” y el Barroco español en cuanto al logro de la belleza mezclando la ornamentación y la sobriedad. O sea una vaina que llamaríamos Dadarroco o Barrodadá televisivo. No pues, ¡qué éxito!
Pero no. La censura, como el resto de las leyes de este país, depende mucho de quien las interpreta y no se trata en este caso de que el grupo Cisneros esté cuidándonos de la violencia ni mucho menos porque de ser así Venevisión saldría al aire una vez al día en ocasión del Himno Nacional. No, no se trata de esto. Es asunto es que Cisneros está cuidando sus intereses, que Cisneros finge equilibrio y respeto para que el gobierno no “la agarre conmigo” y el asunto es que el gobierno finge que se la cree con la condición de que el canal siga censurando el lenguaje de las telenovelas y sigan invitando a los programas de opinión a uno del gobierno y a uno de la oposición.

Este ambiente de “yo finjo, tú finges, nosotros fingimos”, resultaría fabuloso, maravilloso y hasta saludable si nosotros fuéramos noruegos, vale decir gente que guarda sus energías para arrecharse y amargarse con tanto invierno desgraciado y no para malgastarlas en tonteras como la violencia del lenguaje en las novelas colombianas. Pero como esto es Venezuela, o sea caribe, trópico y calentura, uno no puede menos que indignarse y preguntarse ¿hasta cuándo el doble discurso?, ¿por qué las malas palabras sí y, por decir un ejemplo, el bombardeo inclemente de antivalores, no? ¿Cómo así papito que son censurables las procacidades dichas por personajes de una novela y los discursos de los políticos no? Si a ver vamos éstos también pertenecen a un mundo de esta ficción, ese que nosotros llamamos Democracia. ¿No sería todo un gesto de justicia que cada vez que Antonio Ledezma o Diosdado Cabello les de por hacer uso de su libertad de expresión se escuchara un pitico o unos acordes del Nessun Dorma? Porque yo no sé los demás, pero cada vez que estos ciudadanos hablan yo me siento violentada y agredida por decir lo mínimo, porque si la corrupción no es un acto de violencia, entonces dígame usted qué es. ¿No son esos dos, por citar sólo unos nombres del catálogo de nuestras indignaciones, del racimo de nuestras vergüenzas, par de groserías andantes? ¿No están maltratando ellos nuestra razón? ¿No representan un atropello a la Constitución que de falsos cargan bajo el brazo?


Hace algún tiempo, y tal vez el ejemplo colinde con lo cursi, pero como de novela andamos, escuché uno de los mejores piropos que he recibido con las palabras más cotidianas de este mundo. Por venir de quien venían, presumo que fueron dichas con amor. Me miraba entre feliz y orgulloso, y sonreído me soltó “si es bonita esa coño e’ madre”
Lo que quiero decir con esto es que las “malas palabras” no necesariamente expresan la violencia en que vivimos. Son más bien recursos que tenemos los que nacimos de este lado del mundo cuyo uso refuerza en muchos casos la expresión de lo que sentimos sea amor, rabia o alegría. ¿Qué sentido tiene protegernos de eso? Tal vez sea de esa partida de hipócritas que se dicen revolucionarios y que están en el gobierno de lo que uno tenga finalmente que protegerse. Tampoco el respeto hacia nosotros se demuestra eliminándolas para hacernos ver que estamos de un revolucionario que vuélvete a morir Ernesto Che. Hay aquí cosas más urgentes que no sólo censurar sino eliminar. De las Instituciones burócratas, esos nichos de lo más reaccionario del capitalismo salvaje y como corolario representantes de todo lo que resulta anti revolucionario. De allí para abajo, incluyendo las malditas leyes que no sirven para un carajo. Con excepción de las novelas colombianas, desde luego.

7 comentarios:

3rn3st0 dijo...

Celebro estos regresos tuyos cuando ocurren. Es grato leerte cuando escribes y, por supuesto, saber que sigues por ahí.

Esa hipocresía que mencionas no es más que el comportamiento típico de una sociedad pacata y de comportamiento conservador. Ocultar el lenguaje llano, el de la calle en los medios; evadir los tópicos sexuales, es mejor el embarazo precoz que enseñar a nuestros jóvenes métodos anticonceptivos son sólo dos de los comportamientos típicos de esa hipocresía.

Usando tu propia idea: ¿Qué importa que en una novela le digan marico a un carajo? ¿es eso peor que enterarme que un chivo de robó los reales de los viejitos de tal o cual institución y que se fue sin pagar su delito? ¿Qué me importa que le agarren una teta al personaje de la novela de las nueve? Prefiero eso a ver los no se cuantos muertos de los fines de semana...

Mejor no sigo, mejor me sigo alegrando por este retorno tuyo. Besos mi bella More :-)

Anónimo dijo...

Con la situacion como esta en Venezuela, para asegurar la libertad de expresion debemos apoyar nos uno al otro. Creo que no hay suficientes hechos para probar que Gustavo Cisneros participo el golpe.

More dijo...

Ernesto: sí y a cuenta de eso nos privan de esas formas tan curiosas y folclóricas que tienen los colombianos para expresarse y no sólo eso, a veeces el parlamento del personaje pierde lógica y sentido... en fin...
Por aquí ando a veces, querido amigo. Aprovecho estas vacaciones porque en septiembre tengo que hacerlo TODO. Te contaré cuando nos veamos por ahí.
Un abrazo para ti.

Anónimo: yo creo que aquí hay exceso de libertad de expresión, de parte y parte, sabes?
Y bueno si tú necesitas más para probar la participación de Cisneros en el golpe de estado, cómo se hace?

Reinaldo Iturriza López dijo...

Excelente More.
Además, sabrosamente escrito.
Gracias.

More dijo...

Gracias a ti Reinaldo.
Saludos.

Generic Viagra dijo...
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Damarys Benitez dijo...

Bueno! considero que los Medios, como poder que son y tienen una gran influencia..deben cuidar los contenidos que difunden. En 1° lugar porque tenemos una Ley que así lo establece y es para todos -Aún para los que infringen- 2° Así como hay quienes apoyan el dadaísmo, el desorden y el desenfado; habemos quienes tenemos otras preferencias y somos igual televidentes. Hay niños, niñas y adolescentes que pretendemos educar y mantener en el cultivo de nuestro buen lenguaje,buenas costumbres, aunque digamos groserías en nuestras casas...nadie tiene porque oír lo que no quiere; y la solución no es cambiar la sintonía del canal porque es un Servicio Público lo que presta. El conservacionismo no es malo, creo que el mundo sería mejor si hubieran mas personas recatadas..esto no significa que ser conservador es ser hipócrita e infeliz -nada mas errado - es simplemente respetar al otro. Coincido con ud cuando refiere el lenguaje de los políticos, empezando por el gobierno quien es el primero que irrespeta la propia Ley que promulgó.