domingo, 27 de septiembre de 2009

A PROPÓSITO DEL 12 DE OCTUBRE O CÓMO DESHACERNOS DE BOLÍVAR SIN QUE NOS DÉ RISA

Pudiera comenzar este escrito diciendo "este país se lo llevó quien lo trajo", pero he allí el primer problema: que a este país no se lo ha llevado nadie. Aquí estamos más que intactos, como si el destino nos hubiera condenado a una tortura por haber sido tan inocentes y estar tan desprevenidos el día y la hora en la cual los que trajeron al país a estas tierras, si es que a este bochinche se le puede llamar así, también trajeron nuestras principales desgracias.Porque es que a lo largo de los años no podemos dar fe ni dejar constancia de que haya habido diferencias. Todo parece una larga cadena de ecos. "Hay aquí un camino de historias enrollado sobre sí mismo como una serpiente que se muerde la cola" Meneses no tuvo la intención, pero nos describió en su cuento "La mano junto al muro"
Decir que no habido logros en estos 10 años, paradójicamente, sería una injusticia. Probablemente sea esta década el primer y cortísimo paso en dirección a muchas transformaciones. Pero decir que estamos claros, clarísimos en lo que queremos es una mentira del tamaño del mundo. Nada está claro aquí, todo está revuelto, enmarañado. Y en consecuencia lo que hacemos es improvisar, adivinar, intuir, como si tuviéramos los ojos vendados y nos dispusiéramos a tirarle palos a una piñata que hacen girar en múltiples direcciones. Para que la situación fuera distinta, para que todo estuviera diáfano, límpido,sería necesario que supiéramos quiénes somos, qué nos define, qué es lo que cultural e históricamente tenemos que defender. Vale decir, sería necesario tener conciencia de nuestra historia, descubrir por fin nuestra identidad.

En general los pueblos latinoamericanos sufren de este terrible mal. Es verdad que si uno piensa en argentina, uno se imagina un "tango" como emblema de su cultura. Si es el caso de México saltan enseguida las rancheras, los sombreros enormes, el machismo. Esa es la visión cultural que tenemos los latinoamericanos con respecto a ellos, así como la que tienen ellos y los venezolanos con respecto a nosotros mismos, es la del petróleo o las mises. Sin embargo, ninguno de estos elementos son los que nos definen como pueblos, presos de una misma historia. La imagen, en cambio, que de nosotros tiene el europeo o el norteamericano y no sólo ellos sino mucha gente que vive más hacia el sur de nuestro continente, es muy distinta: las palabras más utilizadas son gracioso, divertido, "funny", flojo, irresponsable.
Y algo peor: nosotros mismos nos hemos asumido y hemos asumido las cosas más trágicas de nuestras vidas de esa misma manera.

¿Raro, no?

Nosotros deberíamos ser personas serias, sin sentido del humor, tristes y ensimismadas. Después de todo no somos hijos del amor, somos producto de una relación espantosa, fruto de una violación; descendencia de tres culturas unidas por una relación de odio y repugnancia mutua:
Por una parte, un pueblo indígena expulsado de su propia tierra dentro de ella misma, apartado a los coñazos de su cultura, obligado a asumir otros valores culturales opuestos enteramente a los suyos. Por la otra, los "negros", traídos por la fuerza, traídos como propiedad, traídos para servir al amo blanco como fuerza de trabajo. Y, finalmente, la cultura o el anti valor de la masa humana europea. El español que vino a estas tierras vino a enriquecerse y a enriquecer el estado al que servían, vino ciego de codicia, obligado por ella. No vino para acá de ninguna manera a ser feliz ni a generar felicidad, porque la felicidad era un sentimiento emparentado con su país natal y no con esta gavilla de salvajes y animales que era lo que nosotros, los indios, representábamos para ellos.
Que los pueblos se van construyendo y los años si sirven para algo es para superar las desgracias, es verdad. Durante 11 siglos estuvieron los árabes en suelo español y hable con un español a ver si le suena árabe. Hable con un español a ver si se siente árabe. ¿Servirá esta premisa para explicar el carácter alegre y "funny" con que nos ve el extranjero y con el que nos hemos asumido y hemos asumido nuestra tragedias y nuestras vergüenzas?

Quién sabe. Me parece que el asunto va por otra parte y esa otra parte tiene que ver con que nosotros no tenemos conciencia histórica, ni conciencia cultural, ni conciencia de ningún tipo, porque, no se puede tener conciencia de lo que se desconoce por completo: nuestra cultura y nuestra Historia.
Uno habla con un español o un italiano y sabe que se sienten orgullosos de su origen y de su cultura Ese orgullo parte sin duda de su conocimiento Mientras el europeo conoce su historia, su cultura, las nuestras para nosotros está vedada, escondida bajo un velo que quienes nos vieron y nos siguen viendo como indios construyeron con la horrible intención de no dejar que nos viéramos ni nos diéramos cuenta de nuestro valor, de nuestras fallas o de nuestros aciertos. En consecuencia, con el desconocimiento de nuestra cultura y de nosotros mismos, también quedó vedada la comprensión de ellos. Y ese desconocimiento ha hecho que repitamos y repitamos esos ecos.
Aturdidos por ellos, y no comprendiendo sus razones, el "ser" histórico resultante de esto tiene que ser desde luego un tipo divorciado de sí mismo y del país que él no construyó. Los venezolanos nos reímos de las leyes que tenemos porque no la hemos hecho nosotros, porque no las sudamos o la parimos nosotros. La declaración de los Derechos Humanos, el código de ética de cualquier profesión no saben a agua con soda porque no las escribimos ni se nos pidió opinión ni nada parecido. Tal comportamiento no se limita a unos cuantos, o a los más pobres: se evidencia desde el Presidente de la República para abajo. Aquí violamos las leyes todos porque no tenemos conciencia de ellas ni sabemos para qué existen, ni qué hechos obligaron a adoptarlas, pero sobre todo nos importan un comino porque los primeros en violarlas de manera insolentemente flagrante fueron precisamente quienes las trajeron.

Tal vez haya sido el desconocimiento de lo que somos lo que nos condujo a adoptar ese admirable sentido del humor y cierta argucia, elementos con los cuales hemos enfrentamos nuestras tragedias: el caso Sierra Nevada nos pareció gracioso. Nos reímos de Pérez porque sólo a Pérez, un venezolano, se le podía ocurrir regalarle un barco a Bolivia. Decenas de parodias se hicieron en Radio Rochela para burlarnos de que en Miraflores lo que teníamos era al peor de los borrachos (Jaime Lusinchi) gobernado por la vagina de Blanca Ibáñez... Un importante diario de Valencia, recuerdo, publicó la foto de un hombre cargando en sus hombros una lavadora el 27 de febrero de 1989, cuyo titular decía en letras gigantes: SIN INICIAL, SIN INTERESES, SIN GIROS ESPECIALES... Fue el día de la masacre, del paroxismo, del maría purísima, en el cual este país se volcó a las calles a protestar y saquear los supermercados porque estaba pasando hambre y estaba harto de Luis Herrera. Y dígame usted en qué país decente, qué medio de comunicación decente interpreta de manera tan "funny" semejante catástrofe. En qué país en horas tan aciagas, una persona en lugar de robar alimentos porque se supone que lo que tiene es habmbre se roba una lavadora. Hasta allí llega la "joda" nuestra.

¿Hemos tenido alguna vez un proyecto de país?

¿Fue la Primera o la Segunda o cualquier otra República NUESTRO proyecto de país?

¿Es nuestra actual Constitución nuestro principal proyecto de país?

No creo. Sí es así estamos más que jodidos porque esta Constitución como las otras sigue siendo letra muerta, así la hayamos aprobado con el voto.

¿Debe ser Simón Bolívar el principal referente histórico, ético y moral para redactar un proyecto de país?
Creímos que sí, pero he allí el segundo problema. Porque si es él entonces seguimos más que jodidos. Bolívar no puede ser nuestro principal referente porque él, con todo el respeto y me irán a matar, no nos representa. Y no nos representa justamente porque encarna todos esos valores gloriosos que nos han enseñado o han tratado de enseñarnos en nuestras escuelas. Nosotros no somos como Bolívar. Mejor dicho, Bolívar no fue ni como el “nosotros” de aquella época ni los “nosotros” que hemos sido después. El Libertador no se parece a mí, ni a los niños pobres a los que yo les doy clase, ni al campesino que labra la tierra, ni al obrero, ni a esos "graciosos" que somos la mayoría, ni al malandro, ni a las prostitutas ni en fin al más común de los venezolanos. En otras palabras, Bolívar no puede representarnos porque Bolívar verdaderamente nació aquí y hasta una negra le dio de amamantar, pero Bolívar no es venezolano. Que su fe de bautismo diga que nació en Caracas es algo circunstancial. Bolívar era europeo, su educación fue europea, sus modales, su vestimenta, su modo de hablar y conducirse y hasta su manera de seducir y acostarse con una mujer lo eran. Todo Bolívar simboliza lo que nosotros NO fuimos, ni somos. La Historia se encargó además de convertirlo en una deidad cristiana, inalcanzable e inimitable.
De modo que Bolívar no puede ser una guía a la hora de buscar nuestra identidad, nuestro "ser" venezolano, ni nuestra conciencia cultural, ni incluso la mitad de nuestra historia.
¿Cómo puede Bolívar, de quien nadie dice que amaneció echándose palos con los esclavos, quien jamás pronunció una procacidad, quien nadie recuerda soltando carcajadas, quien nunca habló de tú a tú con los pobres; cómo puede un hombre que jamás perteneció ni durmió ni sudó con el pueblo, ni se robó nada en la vida, ni tuvo los sueños comunes y normales de cualquiera, descubrir y hacer que yo descubra y valore mi "ser" venezolano? ¿Cómo puede representar nuestra cultura un europeo?
¿Cómo se construye un proyecto de país a partir de un dios? ¿Cómo construimos algo a partir de un ser sin defectos?

¿Cómo?

La Historia tal vez sería distinta si el modelo a seguir fuera humano. Un Páez, campesino, peón, obrero de la guerra. O el mismo José Tomás Boves, Capitán, un roba barcos común y silvestre, huérfano, como nosotros con virtudes y defectos, mujeriego, ligado hasta el tuétano de los afectos con indígenas y negros, hasta llegar a armar grandes ejércitos. La Historia hubiera sido otra, pero al primero no se lo permitió su torpeza y al segundo, se lo tragó su carácter. Sus hondos e insondables resentimientos, tal cual como en esta vida le está ocurriendo, le rajaron en igual y mortal profundidad la carne.

No fue así. Ni Páez, ni Boves, ni Negro Primero, sino Bolívar.
Pero camaradas y compatriotas, ya va siendo la hora de que dejemos a ese ciudadano tranquilo y en paz porque un día de estos le va a pasar lo que a Lázaro y ahí sí es verdad que se le van a olvidar los modales y las buenas costumbres y nos va a mandar a la mismísima mierda, porque ta bueno ya de la vaina, ¿qué quieren ¿Rodio? ¿Bauxita?

Hay otra cosa que agregar: el fulano Socialismo en que decimos vivir o para donde supuestamente vamos, es otra fantasía del gobierno y de nosotros mismos. No hay ni habrá tal Socialismo hasta que no resolvamos la más grande interrogante que tenemos: quiénes somos, y a partir de allí qué es lo que necesitamos construir. No habrá justicia si eso es lo que entendemos por Socialismo mientras no nos encontremos y en función de ese encuentro como individuo y como pueblo, diseñemos, redactemos unos acuerdos, unas reglas, un modo decente de vivir.