domingo, 26 de septiembre de 2010

LOS MEZQUINOS PENSAMIENTOS DE UNA Y QUE REVOLUCIONARIA

Francamente,  a mí me  es completamente indiferente la Asamblea Nacional con todo lo que tiene adentro. Ahí podrían poner  el circo de los Hermanos Gasca o la sede principal de los productos "Toperguere" que para mí es exactamente lo mismo. Al fin y al cabo, ninguna de las personas que están allí me representan, ni a mí ni a mis hijos porque ellos  andan en carros lujosos, tienen guardaspaldas y  ganan diario lo que yo me gano en cinco meses, de modo que a mí, ellos no se parecen en nada,  o lo que es lo mismo, no me veo en un espejo cuando miro a la camarada y compatriota Cilia ni cuando escucho al doctor Escarrá que es casi como escuchar la voz misma de la Divina Providencia.
Como diría el filósofo del Zulia, habemos revolucionarios cuya máxima aspiración es que el presi se deje de vainas y llame al pueblo para que en cayapa detone unas dos bombitas en ese edificio donde se planificaron y se perpetraron los más grandes crímines de la historia de este país. Tengo la certeza de que ni la corte malandra ni la mismísima Maria Lionza serían capaces de sacar las malas energías de ese recinto.
Como decía, por mí que venga Dave Copperfield y desaparezca ese edificio. Pero, ¡ahhhh! (a mí me tiene fascinada este pero) hay algo por lo cual celebro estas elecciones parlamentarias de hoy día y es este placer que me embarga cuando pienso que la oposición ganará algunos  puestos y que ruego a Dios que tengamos a Enrique Mendoza allí, y que la alta alcurnia caraqueña se vea representada por la monada que es  María Corina MAchado. Suplico eso sólo para tener la dicha inmensa, eléxtasis total,  de que Cilia le diga: diputada Machado, mijitica, se le acabó su tiempo, vaya a ver si el gallo puso, o vaya y haga un cursito de percusión indígena, atormentándola con la campanita; y además para tener la fortuna de ver los videos en los cuales a Enrique Mendoza lo sacan sus amigos del recinto porque no se puede parar de la pea. Yo puedo recordar cuando Aristóbulo Istúriz era parlamentario y como ese banda de dromedarios que eran los adecos y los copeyanos le boicoteaban su derecho de palabra porque era de izquierda y de paso negro.
Así  que ese es un placer del que disfruto desde ahora y que de ñapa me hace reafirmar que Dios no ha muerto.