domingo, 26 de agosto de 2007

Chávez, el héroe?

Tal vez sea que nos persigue el mito del Héroe. Reales o ficticios. Fidel, Superman, El Hombre Araña, Robin Hood, Martín Valiente, El llanero solitario (no sé si llanero, pero definitivamente no solitario,) y hasta la propia Lassie. Esos y muchos otros más son muestras de esa gente que por fa o por re andaban protegiendo a los pobres y desamparados, luchando contra las injusticias, la pobreza y cosas parecidas que uno lee por ahí.
Sí, tal vez sea que a ese viejo mito que vive y reina en el inconsciente colectivo, según el cual, las personas pensamos que vendrá un elegido, emergerá de cualquier paraje, nos salvará de una catástrofe y nos solucionará todos los problemas, a ese mito, estemos signados. Él lo sabe todo, tiene en sí todas las respuestas, es inmortal, omnipresente, omnisciente… o sea es Dios. En nuestro caso probablemente haya sido esa la razón por la cual Chávez está donde está. Si a ver vamos, Chávez también posee ese otro rasgo que distingue al héroe: la capacidad de interpretar las necesidades de las masas y entender su lenguaje. Por aquellos días de oprobio, Chávez era el lenguaje mismo, el discurso que conmovió a la mayoría, tal cual lo hizo Caldera en su intervención memorable ante el Congreso después del golpe del comandante, luego de lo cual, todos de alguna forma, olvidamos ese desacierto que fue su primera administración (¿?) y formamos parte, conscientes o no, de lo que alguna vez se llamó el chiripero y que hoy descansa en la paz de los sepulcros. Puede ser esta u otras razones, obvio. Lo cierto es que la mayoría le creímos. Había necesidad y una urgencia inaplazable. El país completo era una urgencia. Nosotros acostumbrados como estábamos a tanta farsa, tanto discurso barato, tanto saqueo y pare usted de contar, encontramos en Chávez, porque no decirlo, nuestro propio héroe. ¿Cuáles no fueron las promesas que dejó de hacer Chávez? ¿No expresó entonces que quería hacer un gobierno de concertación, pluralista, y que para ello necesitaba la incorporación de toda la gente capaz fuera del partido o del bando que fuere? ¿Y qué más democrático que eso? Síntesis: borrón y cuenta nueva, el país acaba de nacer y el paraíso, o algo similar, se instauraría en esta tierra de gracia. La corrupción sería combatida con mano dura, al igual que la pobreza, el hambre y la miseria y el desempleo.
La mayoría no pensó tanto en ese asunto de Revolución, es decir, de pronto podría suponerse que Chávez era un revolucionario sencillamente porque estaba en contra de los cuarenta y tantos años de tanta desgracia junta. Porque, en definitiva convocar a la oposición para levantar a un país era, en ese contexto, un gesto sublime. Y nosotros, los menos iluminados, de pronto hubiéramos optado por aceptar que los hechos delictivos que caracterizaron la democracia adeca o copeyana fueron producto de esas raras coincidencias planetarias, a partir de los cuales estos 5 años me toca ser adeco y los otros que viene copeyano. Claro que son impresiones falsas. Chávez amenazó no sólo con acabar con la corrupción en este país, sino con poner preso a todo aquel que se hubiera robado hasta un rollo de papel toallet de cualquier organismo del estado, llámese prefectura de Tocópero o Fiscalía General de la Nación. Y así comenzó el país. Con tantos problemas de fondo por resolver, empezando por la destrucción del Estado Capitalista, que es por donde empieza cualquier revolución que se precie de serlo, los cambios más trascendentales que hemos visto hasta ahora para mi mayor asombro son los siguientes: cambiar la posición del caballo en el escudo, ponerle la estrellita que faltaba a la bandera, quitarle los tres ceros a la moneda actual; cambiarle todos los nombres a los ministerios, crear unos nuevos y cantar el Himno Nacional cada vez que alguien del Gobierno va a inaugurar un baño público en la carretera Yaritagua-Urachiche. No faltará quien me pregunte por el viaducto, o por la construcción del puente sobre el río Orinoco, ni por las Misiones. Pero, ¿porqué tengo que asombrarme de esas obras? ¿Porqué tengo que deslumbrarme? ¿No es para eso que están los Gobiernos, para administrar el dinero de la Nación, que aquí es inimaginable, y plasmarlos en forma de bienes materiales necesarios para todos sus ciudadanos? Coño es como si me asombrara de que las matas de mango, dieran mangos!!!
Cómo no estar decepcionados, cómo no poner cara de luto?
8 años después aquí no hay nadie preso por casos de corrupción, ni de esta ni de la 4ta. 8 años después, hay más pobreza y miseria… La educación no ha mejorado ni un ápice. El presidente no concierta ni con sus ministros. Y la inflación es lo más desarrollado que tenemos. ¿Cómo no estar decepcionados?. Y cómo no hacerse solidario con quienes lo están.
Hay algo positivo en todo esto y es que la gente ha recuperado lo que se había perdido por allá en los años 70, según cuentan, esto es la necesidad de reunirse a discutir los problemas del país, de la llamada “Revolución” y otros asuntos de igual calibre.
A lo mejor a estas alturas de la vida y habida cuenta de tanto discurso, la gente ya presupone y supone que revolucionario es todo lo que hace subvertir el orden establecido. Según esto, qué peligro, que dislate, entonces pudiera llamarse así a Carmona Estanga el día que se fumó un pajarito muerto y quiso acabar con todo el país. Él y un peo de gente más, claro. De modo que espero que esas discusiones nos lleven a comprender que ciertamente es eso, la ruptura, pero que es también el camino, el proceso para establecer un sistema de valores nuevos que abarquen todas las estructuras de un país y no los gestos acrobáticos del presidente. Porque si revolucionario es pararse y decirle al mundo, en medio de una discusión internacional sobre el problema de los derechos indigenistas, pararse y decir que Bush y su Gobierno son una parranda de delincuentes, asesinos y ladrones, entonces el Presidente (que es el único que hace y está en el gobierno, porque los demás no existen), él, es revolucionario. Pero uno no deja de preguntarse porqué todavía el Gobierno venezolano le vende petróleo al gobierno norteamericano. Lo revolucionario sería que Chávez le dijera a Bush: mira mijito, a parir de hoy ni una sola gota de petróleo, derivados y afines sale de este país para los Estados Unidos a menos que, lo que Dios no quiera, se derrame un pozo petrolero en alta mar y residuos del tan anhelado líquido, vayan a parar a las costas de Miami, cosa que se saldría enteramente de nuestras manos. Pero ni una gota más a ustedes, malhechores. Y si quieres, retira tus tropas de Irak y junto con todo el ejército que tienes, mándamelas pa acá que aquí libramos la batalla y que sea lo que Dios quiera.
Ni más ni menos, y como mínimo, hubiera hecho Gandhi, que para eso de ser fiel a sus ideas no tenía ni la culpa, lo que explica que en un momento de su vida decidió desprenderse de los atuendos europeos y vestirse de indú, de guayuco, porque Europa (el Imperio por analogía) era al fin de cuentas el “enemigo” nacional.
Pero estas son cuestiones de forma y el problema es de fondo. Es decir, no importan los trajes costosos de Chávez, eso de renunciar a su sueldo una vez electo, fue un acto que pasados los años, y por sus propios actos, pasó a formar parte del reino de la demagogia y no un acto de desprendimiento como se pensó entonces; olvidémonos de las Hummers de los ministros, del avión presidencial, de la compra de armamento y otras pendejadas más.
Las discusiones sobre la Revolución deben ser más que discutir sobre estas “simplezas”. Eso también, y a esta hora del país, es urgente y necesario
Hace un tiempo una vez más, creímos en la palabra de alguien. Una vez más. Y no era Superman vestido de militar sino una persona cuyas promesas se constituyeron no en un acto demagógico, sino en una palabra cierta porque venían de quien años atrás, junto con otros, se la jugó y llevó a cabo lo que cualquier venezolano decente hubiera querido hacer: darle infeliz término a ese mamotreto putrefacto, para ser condescendientemente nostálgico, que era el gobierno de Pérez. Que si a ver vamos, era el único anhelo vigente y navideño de la mayoría de nosotros. Si uno no le da el voto a él, a quién más? En aquel momento si Chávez nos hubiera dicho que debajo de los médanos de Coro están enterrados los mismísimos restos de nuestro señor Jesucristo, eso hubiéramos creído. Faltaba más!!
Las desilusiones son del tamaño del compromiso con que uno apuesta hasta la vida. Y si bien es cierto que son superables, no es menos cierto que te dejan un sabor amargo y una suerte de duelo en algún lugar de la existencia.
Alguien me preguntó si yo quería un buen gobierno o una revolución. Por allá por el 2000 un buen gobierno era medianamente la ambición de cualquier pendejo. Y probablemente con eso nos hubiéramos conformado. Porque después de anhelar un helado Efe, un Bambino es, en cierta forma un manjar de dioses. Aposté por un buen gobierno porque si a las pruebas me remito, los costos de una revolución son altos, implican pérdidas de toda naturaleza e históricamente no hay garantías de éxito. La antigua Unión Soviética y Cuba son los ejemplos más palpables de ese fracaso. Pero a la altura del noveno, perdiendo 1 a 0, con las bases llenas y con el 4to bate del otro equipo al turno, o lo que es lo mismo, ante la presencia sino del peor de los gobiernos, por lo menos de la peor de las desilusiones, la ansiada Revolución de mis años universitarios se convierte nuevamente en la única opción. Y ahí me anoto.

2 comentarios:

josé fdez del vallado dijo...

Una reflexión digna e inteligente de alguien que de verdad desea lo mejor para su país. Y a quien sobre todo no le han lavado en una u otra dirección la claridad de ideas. Lo que me agrada de esta reflexión es que no hay discurso patriotero de apoyo aunos u otros, sino una disertación repasando la situación que llevó a la nación al lugar donde está y en la cual un hombre: Chávez, jugó duro. Sin embargo se desprende la profunda amargura de comprobar que los objetivos de la -supuesta revolución- se quedan en papel mojado. Como bien dices cuando se toma una determinación hay que saber afrontarla con todas sus consecuencias, pero como matizas, razonando con lógica, tu deseo prioritario es hallar el mejor camino para que tu nación respire.

- Mi opinion.-

Debo reconocer que en principio me parecieron bien algunos de los pasos que tomó el señor Chávez. (Intentar desprenderse el yugo o los grilletes de ave de presa de norteamérica no es fácil). Por ellos creo que no está logrando salir adelante. La presión que ejerce la superpotencia sobre una nación débil puede ser asfixiante. Máxime cuando la mayoría de las naciones se acobardan ante ella. En fin, el caso es que los últimos pasos que está adoptando Chávez de reforzar su poder en un Estado dictatorial creo que no son positivos ni para él ni para la nación venezolana; de todas formas, como sucede a menudo, el tiempo decidirá quien tiene la razón. Como tú (con Chávez o sin él)yo también quiero lo mejor para tu país. Y a ser posible lograrlo sin rebeliones, sin violencia y de una forma inteligente. ¿Demasiado difícil tal vez, verdad? Un saludo desde España. Esncantado de leerte.

More Baker dijo...

José Fdez:
Los Imperios, por fortuna, se acaban. La sociedad norteamericana está podrida porque se deshumanizó hace mucho tiempo. Todo tiene un final. Y tienes razón: en nosotros, los que aún vivimos, descansa la misión de reconstruir. Es una empresa difícil, ciertamente. Pero aún queda gente valiosa en este país, además de valiente. Gracias por tus buenos deseos. Un saludo desde mi convulsionada Venezuela.