lunes, 14 de marzo de 2011

MI ESCUELA

Siempre fui de la idea de que en este país debían cerrarse todas las escuelas, liceos, universidades y cosas parecidas: la educación que sólo sirve para formar individuos que puedan luego insertarse en este sistema podrido, inhumano, no sirve pa una mierda. Hay en ello tal vez un sentimiento de ingratitud, pues porque fui a la escuela y a la universidad, me leí unos cuantos libros de los cuales me enamoré perdidamente. Y, ¡quién sabe si los hubiera leído sin necesidad de la educación formal! Pero en estas tardes en que escuchaba a mis niños de la escuela me dije a mí misma que ciertamente la educación, el conocimiento, es esa porquería por medio de la cual las personas no se hacen necesariamente libres o críticas de la sociedad en que les tocó vivir, como debería ser, pero es mejor eso a cosas peores. Por ejemplo tengo un alumno que desertó porqué no tenía zapatos para ir al colegio y entonces quería irse a trabajar no sólo pa tener zapatos sino para ayudar a su mamá cuyo marido, que no es el papá de él , “sapeó” a unos malandros y por eso anda escondiéndose. También tengo una niña de actitud agresiva, se roba los libros de la biblioteca y a veces se le ve abstraídamente triste: una de estas tardes supe que había sido violada hace 3 años, es decir cuando tenía 10, por el padrastro. Tengo alumnos que trabajan como colectores de autobuses, niños que viven sólo con su papá porque sus mamás los abandonaron… por otra mujer. Tengo niños que a veces no tienen con qué alimentarse; que no van a la escuela porque no hay dinero para tomar el autobús. Tuve uno, el año pasado, que perdió una “evaluación” y cuando le pregunté que le había pasado me respondió que se le había manchado el uniforme con sangre: cuando venía al colegio, a las 11.30 de la mañana, unos sujetos mataron a su vecino y el abaleado cayó prácticamente a los pies del niño. Cuando escuché su historia observé que no había en él el menor rastro de horror. Lo dijo como quien dice: a mi mamá se le rompió el termo del café. ¿Es que no es sensible? No. Es que es lo cotidiano .Les pasa tan a diario que les resulta natural.


Entonces, particularmente, esa tarde que los escuchaba pensé que no, que no se pueden cerrar las escuelas y los liceos porque es el único sitio donde ellos pueden ir. Allí se sienten seguros, allí están a salvo de que la violencia, aunque sea por unas cuantas horas, no los alcance, no los toque. Paradójicamente, la escuela es el único lugar que los aparta y los une al sistema irreversiblemente. Los que “educamos” o “formamos” estamos en el deber de que su estancia allí sea provechosa, buscando las alternativas de la “enseñanza”, suministrándole otras herramientas que puedan ser más útiles a ellos. En eso, por lo menos yo, ando.

Todo lo que he escrito hasta ahora es una divagación, pedazos de pensamientos quizás dislocados, rotos, y con seguridad incoherentes. Esa divagación ocurre sólo porque no sé cómo decir que ayer noche unos salvajes incendiaron mi escuela, donde yo estudié, donde estudian mis niños. Se quemaron los expedientes de ellos, algunas de sus aulas, la seccional, la Biblioteca, los balones; algunos lugares se quedaron, por el fuego, sin techos. El viernes pasado llegué a casa toda llena de pntura, porque ese día habíamos pintado los salones. Apenas elviernes pasado olía a cierta esperanza y esta mañana cuando llegué allá, convocada por el Director a una reunión urgente, todo olía a quemado, a muerte, a absurdo. Lo mejor que pudimos sacar de todo esto es que los mismos vecinos se metieron por donde pudieron para apagar el fuego y salvar una que otra cosa… Siempre lo he dicho: la gente pobre es solidaria pa lante!

No sabemos cuándo reanudaremos las clases, lo que quiere decir que todo ese tiempo, esos niños no tendrán un lugar a dónde ir… a recibir una información que al final de cuentas no les sirve de nada, es verdad, pero por lo menos donde están exentos del peligro, de la violencia de su entorno familiar y del lugar donde ellos viven.
El mundo es una cosa seria, tomo esas palabras de mi abuela. Estamos estupefactos ante la tragedia que arropa al pueblo japonés (tal vez sea una forma del adolorido espíritu del Planeta para expresar sus ayes) Pero como ese dolor no es suficiente, hay personas que actúan de forma similar ensañándose, pero sin motivos, sin ningún motivo, contra los que más necesitan ser protegidos, los niños, y contra aquello que pudiera salvarlos: la escuela.