sábado, 5 de diciembre de 2009

Sin Fe

En mi vida me han robado, a mano armada, en tres ocasiones. La primera vez celebrábamos el cumpleaños de mi hijo y tres muchachos que andaban incomunicados y cortos de dinero a juzgar por lo que se llevaron, entraron a mi casa por ahí después de la medianoche dispuestos a hacer su propia fiesta.  La segunda vez fue en las adyacencias del liceo donde trabajaba. En este caso fueron dos sujetos jóvenes, devotos de la virgen de Coromoto, digo yo, porque cuando vieron la medalla que me colgaba del cuello se les desorbitaron los ojos seguido de lo cual procedieron a arrancarme la cadena y el dinero de seguro para reparar los daños. Y la tercera fue ayer. Me tocó irme a trabajar en transporte público y tres criaturas, estresadas por el calor insoportable y por la falta de estrenos para sus hijos según tuvieron a bien explicarnos en medio de los gritos de unas señoras y un niño, se montaron a hurgar en cuanta cartera encontraron y cuanto sitio material o humano fuera sospechoso de guardar dinero.
En la camioneta que había tomado antes (fueron 3 las que necesité para ir a mi trabajo) se había montado un muchacho que procedió, como los antiguos trovadores, a relatarnos en versos sus penas y sus calamidades, a decirnos que el gobierno de porquería que tenemos lo tenía arrecho y pasando hambre, que la burocracia abría la boca como una boa gigante y nos estaba tragando sin que hiciéramos nada porque teníamos atadas la mente y las manos… Cosas así dijo el niño en el estilo más decantado de Calle 13. Así que cuando subí a la otra camioneta iba pensando en ese desborde de creatividad artística y en esa manía que tenemos de culpar al gobierno de todo lo que nos pasa; iba pensando que ese muchacho era joven, no tendría ni 20 años y que eso quería decir que cuando ganó Chávez él tendría 10 años y que hoy en día debería ser chavista, como debería serlo todo niño pobre de este país, pero no lo era: fallas del gobierno. Estos pensamientos fueron interrumpidos por el trío maravilla de quien esperaba por lo menos una de lo Los Panchos, influenciada tal vez por la sorpresa y por la creatividad artística del primero. Pero no fue así. ¡Qué trío los panchos ni qué ocho cuartos! Esta gente no tenía imaginación sino para robarnos.
Cierto es que resulta inútil discutirle al malandro sus razones. De absurdo resulta en esos casos informarle que la gente del sur de la ciudad, una cosa así como el oeste de Caracas, tampoco tiene estrenos para sus hijos, y que lo que tenemos en la cartera es parte de ese sueldo miserable al que le pasamos y le pasamos un rodillo para que estire y alcance hasta que volvamos a cobrar. Sin sentido también resulta preguntarle porqué coño no se van a las alcaldías, a las gobernaciones o a la asamblea nacional y le ponían el ojo a esos que tienen carros lujosísimos y/o limosinas, o a las urbanizaciones de la gente rica, y a nosotros nos dejan en paz que somos los mismos, chico.
Inútil es porque en ese instante sólo imperan dos verdades irrefutables: por una parte, quien ejerce el poder y el terror son ellos y el poder ensordece, y por la otra, ladrón no sale a la calle a socializar.
En fin que nos soltó el chofer cerca de mi sitio de trabajo donde estaba una patrulla policial y unos 5 policías “echándose una” y tuve la intención de decirles que fueran a dar unas vuelticas porque los ladrones estaban de un desatado que ni María Conchita en sus mejores tiempos, pero me pareció también de un sin sentido y de un malvado llevarles semejantes preocupaciones en el instante en que ellos luchaban abierta y sostenidamente contra el sol inclemente, polarcita en mano.
La verdad que en el fondo lo que me impidió hacerlo fue el terror de que el alcohol pudiera hacerles decir cosas impúdicas y contrarias al espíritu navideño como: mija aquí nos está robando de Diosdado Cabello pa bajo, ¿o es que tú crees que alguien se aguanta un regaño en cadena nacional si no se es dueño de medio país? ¿O es que tú crees que, con tanto beneficio y tanto “cuanto hay pa eso”, uno no se deja hacer eso y mucho más? ¿No te parece a ti que de ser distinto, el ciudadano Cabello ya hubiera puesto a la orden los 5 cargos que preside y hubiera donado sus utilidades a los pobres que qué pena? A lo cual yo le hubiera respondido, que sí, que verdaderamente si yo fuera Diosnegado (como cariñosamente le digo) no saldría de mi casa por lo menos en un año alegando que me dio sarampión y después la rubéola, y después tosferina, y hasta que me tienen obstinado y sin poder dar un paso el montón de callos que tengo en los pies porqué dónde pongo yo la cara después de semejante humillación que a mí, ni cuando fui cadete, nadie tuvo el tupé de tratarme como lo que soy: un perfecto inepto y jalabolas, un perfecto inepto e hipócrita, un perfecto inepto y mentiroso, un perferto inepto y un traidor a la Patria. En otras palabras, señor policía si yo fuera Diosnegado me hubiera enterrado viva en el solar de mi casa de tanta pena y de tanto bochorno, razón por la cual el policía se me quedaría mirando y se aclararía la garganta para que me percatara de lo que estaba diciendo, y como saliendo de su asombro, proseguiría: como le decía mija, aquí vivimos en un estado de atraco gubernamental permanente y sostenido, y mientras no haya una orden de captura para este y otros señores que son la crema y nata del gobierno, ¿cómo le decimos nosotros a la gente pobre que se deje de echar tanta lavativa y busque una manera legal y decente de resolver sus peos financieros? ¿Cómo privamos de sus estrenos a los hijos de los malandros?
Ante semejante panorama decidí  irme a trabajar, imaginando que aquellos tres efectivamente no cantaron ninguna de “Los Panchos”, pero que se mandaron una de José Feliciano que les quedó buenísima y que lleva por título “Sin Fe”.
Y así, sin fe, llegué al colegio.

3 comentarios:

Capochoblog dijo...

Uno habla y habla y dice y culpa, y se le revuelven las tripas... pero la verdad es que se perdio el respeto por la vida y el miedo a la muerte. No le veo otra explicación a tanta miseria en el mundo entero. Tanta guerra en tanque, tanta guerra a pie. No importa si son del mismo barrio, de distinta religión o status, sin respeto por el otro, no hay un coño y sin temor a morirse, menos. Una mierda la verdad!

Lamento que hayas tenido que pasar por ese trajín: escuchar al primero, calarte los segundos y adivinar a los terceros. Lo que digo, una mierda!

RECOMENZAR dijo...

tE ENCONTRE EN LO DE sTEKI TE DEJO BESOS UNITE A NOSOTROS PARA REIR

More Baker dijo...

Gracias mi amiga. Te leí y me acordé de Oriana: no es la muerte lo que los desconcierta, es la propia vida. Eso me ocurre.
La tragedia para mí no fue el mal rato, debe ser que uno se acostumbró a eso.El asunto es lo que se desprende: que tú vida, sea cual sea el ladrón ,el de cuello blanco o el pata en el suelo, vale un carajo; la cosa es cómo resolvemos un problema humano,un problema que no tiene nada que ver con la policía sino con los principios y valores humanos. Cómo hacemos pa que esa gente no tenga necesidad de salir a robar a otros.
En fin...