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jueves, 16 de octubre de 2008

VII Cumbre Social por la Unión Latinoamericana y Caribeña


Entre el 22 y el 27 de septiembre se llevó a cabo en la localidad de Tacarigua de la Laguna, estado Miranda, la VII Cumbre Social por la Unión Latinoamericana y Caribeña con la participación de distinguidas personalidades de países como Colombia, Haití, Uruguay, Brasil y Venezuela. La Cumbre tenía como objetivo principal tratar el tema de los afrodescendientes, su inclusión social y la necesidad de replantear un modelo educativo donde se resalten los aportes de la raza africana a nuestros orígenes y a nuestro aservo cultural.



Durante 5 días los ponentes disertaron sobre las experiencias en sus respectivos países en cuanto a la discriminación y la exclusión de que hemos sido objetos quienes habitamos en estas tierras y quienes somos a final de cuentas, la mezcolanza entre indígenas, africanos y europeos.
Una de las ponencias que más tocó fibra humana, por lo menos eso capté en la reacción de quienes asistieron, fue la de Inmacula Nervil, de Haití, quien refirió la situación actual que vive el pueblo haitiano, después de tanta tragedia junta, con cifras absolutamente alarmantes y que trato de sintetizar:




Casi el 70% de la población es analfabeta; por lo menos 3 millones de haitianos no tienen donde dormir y después de los huracanes que últimamente han azotado a ese país, más de 5 millones de personas se quedaron literalmente sin viviendas. Las cifras de los contagiados de Sida son altísimas y de la situación de pobreza y hambre ni se diga.Aquí fue donde yo me pregunté, ¿dónde estará la ONU, haciendo qué? Los países desarrollados, Francia, España, el Reino Unido, ¿habrán pensado en prestarle ayuda así como a manera de desagravio por las humillaciones infringidas años atrás? ¿O acaso, por puro snobismo, tipo Angelina Jolié adoptado niños africanos o chinos?





Hablar de Haití es hablar de un país signado durante siglos por una especie de maldición. Su crisis actual, su historia, es la misma historia que viene viviendo desde que Colón arribara a sus costas: la historia del ultraje, de la expropiación de recursos y del sometimiento y el genocidio. Primero los españoles, después Francia, época para la cual la población estaba integrada por 300 mil esclavos y las personas libres no llegaban a 15 mil. Trescientos mil esclavos, es decir, más o menos la población indígena que tenía la isla a la llegada de Colón. Primero el imperio Europeo y después el Imperio norteamericano quien en sus ínfulas de superioridad, en su deseo de apropiarse del mundo e imponer su ideología perversa y criminal, no ha cesado en su intervención en nuestros pueblos. Más de 30 años, se instaló cómoda y descaradamente en Haití, en las personas de Duvalier y su hijo. Golpes de estado a finales del siglo pasado, y en lo que va de este, crisis sociales agudas, una economía destruida, anulada, y hasta los embates de la Naturaleza, se han conjugado para hacer de Haití lo que es hoy, un pueblo desasistido del mundo, catapultado en un silencio mortal que lleva ya más de 500 años.





La historia de Haití es a grosso modo la historia de nuestros pueblos. Lo significativamente distinto pudiera ser que en Haití, un país tan pequeño, fueron los mismos esclavos quienes después de 35 años de revolución, en 1804, lograron abolir el sistema esclavista, un hecho sin precedentes, sentando así las bases para la abolición de la esclavitud en el mundo. Es de suponer lo que esto representó para la arrogancia de la raza blanca: los Estados Unidos de Norteamérica no pudieron reconocer la independencia de ese pueblo, sino hasta más de medio siglo después, (por lo menos teóricamente) y se unió como era de esperarse al bloqueo impuesto a Haití por las potencias europeas. Quien fuera secretario de Estado Norteamericano para la época soltó la siguiente perla: “la existencia de un pueblo negro en armas, (…) es un espectáculo horrible para todas las naciones blancas”
Por eso digo que el 12 de octubre debería ser para nosotros un día abolido. Del 11 de octubre, deberíamos pasar inmediatamente al 13. Así como en Haití del 4 de diciembre debería saltarse al 6. No es que no haya nada que recordar. Es que debemos buscar un PORQUÉ que justifique el recuerdo.





No hubo descubrimiento alguno, ni mucho menos encuentro de dos mundos. Me atrevería a decir que tampoco es el día de la “resistencia indígena” Porque resistir es que la pelea es peleando y nosotros pudimos expulsar al intruso de suelo patrio. Aquí no resistimos. Y la prueba está, entre otras, en que yo no estoy escribiendo esto en arawaco. Que lo que nosotros hablamos no es el resultado de la evolución del wayú y de su mezcla con la lengua pemona, sino este querido español. Ah, que todavía existen asentamientos de comunidades indígenas en nuestros territorios, es otra cosa. Pero, ¿resistencia? No. Por estas tierras, después de octubre de 1492, lo que hubo fue un magnicidio, un holocausto y una sustitución sostenida de los valores naturales de los pueblos indígenas por los valores occidentales.
Por estas tierras, en diferentes épocas, lo que ha lanzado el Imperio son bombas atómicas, armas de destrucción masiva representadas en paquetes como el ALCA. Bombas que buscan nuestro exterminio. ¡Hiroshima repetida tantas veces! Esta deuda que tienen con nosotros los imperios, español, francés, inglés o norteamericano, es impagable. Ni siquiera la reconocen. Demás está quizás mortificaros por algo que sucedió hace tantísimo tiempo. El punto es que esta gente insiste en descubrirnos, insiste en encontrarnos a estos amerindios que pobrecitos hay que “civilizar” haciéndonos sus esclavos. El dominio del invasor no cesa y a veces es tan sutil que ni siquiera nos percatamos y otras es de un descaro más que repugnante: Vietnam, Irak, Haití. Pero como dominio al fin, intolerable.




La única forma de superar la historia es no repetirla, y el único camino para esto es fortaleciendo la unión de nuestros pueblos latinoamericanos, preservando esta mezcla cultural que somos ahora, y defendiendo nuestra dignidad, nuestros territorios y nuestros recursos. La resistencia sólo será posible cuando todo esto sea un solo pueblo.
La señora Inmacula cerró su intervención con lágrimas en los ojos y con unas palabras que comparto:
¡No volverán!
¡Fuera el Imperio norteamericano de nuestras tierras!