Mostrando entradas con la etiqueta revolución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta revolución. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de marzo de 2008

Un minuto de silencio


La historia cuenta que a la antigua Unión Soviética le costó sus años deshacerse de la peor catástrofe que viviera ese país, como lo fue el régimen zarista: hambre, jornadas de trabajo de 18 horas, miseria y la más abominable opresión de las clases bajas jamás vista sobre la faz de la tierra. Un proceso revolucionario apoyado en las teorías de Marx y lideradas por el famoso Lenin, dieron paso a lo que se llamó desde entonces una revolución socialista, doctrina según la cual aquí todos somos iguales, o se pretende que así sea, y el que no lo entienda que se largue o calle para siempre. Desde luego, me pareció Stalin un hombre serio y de pensamiento riguroso y no me lo puedo imaginar tirando una moneda al aire, si es cara me estudio los tratados marxistas y le echo pierna a la revolución y si es sello me voy pa Siberia, secuestro gente unos 20 años a ver cómo me va.
Así a partir de esos tiempos, (algo similar había ocurrido en Alemania) sabemos de algo que se llama socialismo como práctica de vida y no como mero sueño, aunque mi profe de Sociología siempre habló de la URSS con cierto tono despectivo y a mis 16 años aludía un tal colectivismo burocrático que yo tuve que resolver en los libros, de la pena que me daba preguntarle algo que parecía tan obvio.
Todo se momificó junto con Lenin, cuando en 1991 a Gorvachov le dio como que fastidio aquello de sentirse ajeno del mundo y entonces decretó la apertura, la posibilidad tan contemporánea y moderna de comerse una hamburguesa en un Mac Donalds frente a la Plaza Roja, o en el mismísimo Leningrado. Que si pa esto no sirve la port modernidad, pues, pa que más carajo sirve.
Con Cuba fue distinto, el socialismo como tal llegó después de 1959, y su instauración, con bases ideológicas también marxistas, se la debemos a la trilogía Fidel-Guevara-Cienfuegos. Empezaron a revelarse desde 1953 o algo así, o sea que si sacamos cuentas, les tomó unos 6 años comenzar a poner en práctica los planes que habrían de llevarlos al triunfo en el año de 1959. Lo que pasó después ya lo conocemos: al que no le gustó el asunto ese de ser socialista, de que aquí mando yo y a la mierda los imperialistas, digan lo que Rubén Blades: hazme la maleta que me voy, tan, tan, tan, tan! Luego de lo cual mucha gente emigró a Miami o a España o a algún recóndito lugar de Venezuela dizque porque el clima y el carácter de la gente se le parecían mucho.
Tampoco, llegado a este punto, me imagino a Fidel haciendo el papel del zorro y en la noche cuando cae la luna, espada en mano y en los lomos de trueno (¿?), salir a combatir al opresor secuestrando gente por allá en las costas de la Habana.
Así llegamos a estos muchachos de las FARC, caso atípico y extraño de Revolución. Para una ignorante como yo, sorpresa fue descubrirlos compatriotas y camaradas hace un par de días, luego de que el ejército colombiano, así como por pura inteligencia, descubrieron donde se encontraban y masacraron a 16 de ellos, entre los cuales estaba el segundo al mando del movimiento. Bueno a decir verdad, nosotros los latinoamericanos tenemos una forma inusual de hacer nuestras propias versiones de las cosas, llámese democracia, revolución o la más simple cachapa. Resulta que, hace más de 40 años esta gente está haciendo la Revolución por estos lados del continente y yo ni me había enterado (qué vergüenza) Resulta que invocan el espíritu de Marx, y el aliento de Lenin; que tienen como norte, al igual que Fidel y cuanto gobernante ruso tuvo a bien administrar el frío, destruir al Imperio norteamericano porque tanto desgraciado suelto es nocivo para la especie, y razón no les falta.
Sorpresa para mí y la vergüenza no me cabe en el cuerpo, fue descubrir que este grupo lleva más de 4 décadas secuestrando, torturando y matando a gente con el pretexto de que el Capitalismo y los Estados Unidos y Lassie y la Sirenita, sin que se hayan preguntado, pero bueno después de tanto tiempo, ¿cuáles son los frutos verdaderos y los objetivos revolucionarios que hemos alcanzado? Puesto de otra forma: Fidel y sus seguidores querían cambiar el rumbo de un país sometido y humillado por el Imperio. Se formularon estrategias, se hicieron planes, murió gente aliada y contraria, pero el fin era único: sacar al Imperio e inventemos nuestra propia historia. En Rusia lo mismo: acabamos con el régimen zarista, queremos justicia para el pueblo y eso será, así haya muertos de ambos lados y que Dios nos ampare.

Pero estos muchachos, ¿qué es lo que finalmente quieren? ¿Será que hay revoluciones eternas y Gorvachov ni se enteró?

No, a mí que alguien me explique porque la verdad yo tengo días amaneciendo de una ceguera cerebral que ni les cuento. Porque la muerte no es que uno la celebre; porque no es que uno no entienda que Uribe le dio la gana y se metió en Ecuador como perro por su casa, el muy hipócrita, el muy estafador; pero de ahí a que me una al duelo que aflige a la familia tal, por la trágica desaparición de quien en vida fuera máximo representante de tal y cual y dedicó 50 años de su vida haciendo la revolución, invocando el pensamiento marxista y el espíritu del ánima de la Yaguara, Oye!!! De ser así, y aunque suene a lugar común, aquí tendríamos entonces que guardar un minuto de silencio todos los lunes por los muertos de los fines de semana. Esos son también revolucionarios. ¿No han perdido su vida por un par de zapatos Nike?; verga, no representan los zapatos Niké al Imperio, o es que esta es una herencia yanomami? Camaradas y revolucionarios son también quienes se mueren de mengua en un hospital; ¿No son esos los que se la pasan luchando contra el Imperio, contra el sistema capitalista y burgués de este gobierno revolucionario? ¿No somos todos revolucionarios cuando nos enfrentamos a la cáfila de burócratas y burgueses que se despachan y se dan el vuelto desde los ministerios de este país?
Verga a mí no me estén pidiendo que haga un minuto de silencio por alguien que decidió que taparse el rostro, poner bombas y traficar con la vida ajena, era o son labores revolucionarias.
A mí esta porquería de Historia me enseñó otra vaina muy distinta. Las revoluciones se idean y se planifican a sabiendas de que habrá sacrificios materiales y humanos. Las revoluciones se ejecutan pensando de alguna manera en aquello de “la máxima felicidad posible” para el pueblo. La revolución tiene un único destino: la reivindicación de los derechos de los excluidos y ultrajados. Y yo por ningún lado de las FARC, ni aun entonando canciones revolucionarias, ni enalteciendo el espíritu de Bolívar, ni aun invocando el alma de Jorge Eliécer Gaitán, en las FARC, no veo eso. No, qué va, camaradas míos no son las FARC. Camaradas míos son los chamos de la escuela que tiene que calarse al Imperio en la persona del supervisor de la zona educativa, regañando a la maestra porque ella todavía no les ha explicado que Páez era un traidor. Camarada y revolucionario es Carlos Quintana un alumno mío, al que el mismo supervisor le preguntó quién fue Negro Primero y él le respondió sin que tuvieran que pasar 40 años y sin cubrirse el rostro: Michael Jackson, después de lo cual le explicó quién fue Pedro Camejo.



domingo, 24 de febrero de 2008

La Revolución


La Revolución para mí es que todos tengamos la posibilidad de comer lo mismo, que los explotadores escaseen al punto de que para ver uno, tengamos que visitar un museo; que sea delito aprovecharse de otros para ganar un dinerito extra; que se penalice el hecho "extraño" de sentirse superior a otro porque la piel se le antojó de otro color o porque su cabello nació grandilocuente y africano.
Revolución es que podamos pensar en el obrero como un recuerdo doloroso y que alguna noche de taberna brindemos por quienes hornearon el pan, cosieron nuestras ropas, limpiaron los baños y las oficinas, mientras los demás íbamos a la universidad, mientras los demás abusaban del poder y mancillaban la Patria en nombre de una tal democracia.
Revolución es que podamos transitar las calles, y lanzarle piedras a la luna, sin que venga un policía a llevarnos presos por pendejos o sin que vengan los “choros” a amargarnos el idilio.
Revolución es que la gente sienta placer en ayudar al indefenso, al que sufre y se siente solo en este mundo. Revolución es que sintamos que el bienestar ajeno es también nuestra responsabilidad.
Revolución es que la gente no tenga que renunciar a su familia, ni a sus montañas, ni a sus ríos, ni a su paisaje, porque hasta allí no llegan las oportunidades.
Revolución es que el gobierno, ese mal tan necesario, tome conciencia de que tiene un sueldo por lo que hace, de manera tal que cuando inaugure hospitales, escuelas y actos culturales, revolucionario sea que la única valla honrada rece: aquí se construye una escuela para la comunidad. Cuide de no tropezar y perdone las molestias. Atentamente, la gerencia. Nada de fiestas patrias cuando se haga el trabajo por el que se nos pagan.
Revolución es que las cárceles no sean necesarias; que a lo sumo un calabozo sea sufriente para que de vez en cuando esté uno que se le haya olvidado el oficio de ser Hombre, y alguno que otro canalla que ande por ahí talándole la vida a la Naturaleza.
Revolución es sentir que un niño de la calle, un indigente un rancho, en un país que tiene tantísimos recursos, es tan traición a la Patria como el hacerse de los fondos de una partida para gastos “personales y de representación”
Revolución es que todos puedan ir a la escuela y que allí con la geografía y la historia, se enseñe también la honestidad y la solidaridad, el respeto y la igualdad, de manera que sentirse digno sea también un legítimo derecho.
Revolución es que se vayan los malvados con su música a otra parte, que se excomulguen los que asesinan los sueños a fuerza de estar vivos y de justificar su hipocresía.
Revolución es que la felicidad no sea una escena, un telón, unos aplausos, sino un ejercicio cotidiano y pulcro del vivir; Revolución es que todos ganáramos en la apuesta de la vida; que el máximo riesgo se circunscriba al desprevenido hecho de salir solo con la esperanza en el porvenir puesta. Y la Revolución es que podamos siempre decir NOSOTROS, es decir, que el bien común sea la oración en todas las iglesias.
¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que ocurra? ¿Qué más tendremos que sacrificar?

Digo, si es que pa alguien más también es esto la Revolución.

martes, 5 de febrero de 2008

EL 4 DE FEBRERO


El 03 de febrero se cumplieron dos meses de que el presidente emprendió su vuelo por el extraño mundo de la rectificación presidencial, parte del plan estratégico de las tres R: Revisión, Rectificación y Reimpulso revolucionario. La fabulosa rectificación, no es otra cosa que ponerle cara de perro bulldog a la ineficiencia ministerial, recoger la basura, caramba Bernal que la cosa ya da hasta pena y la basura es contraria a cualquier gesto revolucionario, y encarar con mano dura el bendito acaparamiento de los productos de primera necesidad, porque resulta que ahora los pobres quieren comer tres veces al día, ¿qué te parece? No comprendieron que la revolución amerita dietas y profundos sacrificios, así que hay que poner preso a cuanto desgraciado esté acaparando la leche, el aceite, el arroz y la azúcar y que no se nos olvide el merthiolate.
Extraña coincidencia: lo mismo hizo CAP en el 92 y ustedes saben lo que pasó.
Ayer durante la conmemoración del golpe en cuya oportunidad quedó registrado en la historia aquel famoso “por ahora” con que Chávez encaró su fracaso y el de quienes lo acompañaron en tan legítimo acto, el hoy presidente volvió a leer la cartilla gaga de la rectificación y a tocar estos temas exóticos de la pobreza extrema, del desabastecimiento de los alimentos y medicinas, de que hay de aquel que por mala fortuna esté escondiendo aunque sean 4 kilos de azúcar en su casa, porque juro por los restos de Atanasio Girardot que el peso de la Ley y Heidi y el abuelo, los tres cochinitos y la pobre Candy Candy sin una madre que le dijera que la prostitución es algo malo..
La verdad a mi me cuesta oír estas cosas, digo la de los problemas críticos del país, en un hombre que está más preocupado por cambiar la imagen a las FARC y que en el fondo parece añorar la hora en que Bush le responda, con por lo menos un “cara e’ culo” para justificar su discurso. Y me cuesta comprender en la boca de Chávez palabras tan cotidianas como el aceite Vatel y la harina PAN porque hasta diciembre pasado no formaban parte del diccionario del Comandante, tan lleno de extranjerismos y de latín clásico.
Bueno, la rectificaciones presidenciales nos permiten observar absortos estos gestos exóticos presidenciales de hablar del hambre y la miseria, de las necesidades básicas del soberano como algo real y hasta autóctono, para luego salir más optimista que César González, el amigo de todos, a ofrecernos cifras como pañitos calientes y como para que creamos que en verdad Venezuela tiene el crecimiento económico más elevado de América Latina.
Ajá, ¿Y, señor presidente? ¿Y?

Claro que usted en su discurso no se ensució la boca aparejando las palabras maletíncon800mildólares y PVSA. Pero por supuesto que usted no hizo uso de la palabra corrupción para referirse de Diosdado o Carreño. Usted habló de la corrupción como un elemento del éter sereno, como una teoría, como el comportamiento inestable de los gases nobles, vale decir una vaina que uno tiene que imaginarse, porque no tiene cuerpo o nos es ajena.
A lo mejor es su buen corazón quien no le permite acusar a los suyos, a lo mejor a usted le parece que la corrupción es un tema tan escabroso y tan mundano que no combina con los planes de guerras federales, campañas admirables e independentistas en los que usted anda. Pero sin duda usted sabe lo que pasa aquí, usted tiene que saber quiénes son los responsables de que tengamos una nueva versión de los gobiernos adecos y copeyanos que tanto aborrecemos y el cual usted encabeza como si nada.

Usted tiene que saber, presidente, que este pueblo le dio su golpe de estado el pasado 2D. Sin tanquetas, sin metrallas, sin huequitos que tuvieran que taparse en las paredes de la Casona, el pueblo que una vez le respaldó y que peleó a sangre y sudor su restitución en el 2002, simplemente hizo lo que usted. Quién sabe si por falta de experiencia o por esta ingenuidad que siempre nos ha caracterizado, rayando el límite de lo pendejo; quién sabe si por esa condición nuestra tan romántica de permanecer incrédulos ante lo que no tiene vuelta de hoja; quién sabe si por lealtad, el asunto es que el soberano prefirió dar ese golpe por la vía democrática. Pero un golpe es un golpe. Con liguitas o revólveres, con votos o tanquetas. Un golpe es un golpe. Lleva implícito un “ya no más”, un “no creo en ti ni que me lo jures”, un “bahh ya viene este a decir lo mismo”.
Y un golpe entraña, además, una prisa en buscar remiendos, en ponerle parchos al roto, que ¡qué pena, se me ven las partes íntimas! Eso, y un final como el de García Márquez en “El Coronel…” Pero además en cualquiera de sus dos únicas etapas, en un golpe hay siempre una carta que firma una cuerda de desubicados, en la sabia acepción de Mario Silva, y que en la época de CAP los llamaron “Notables”, orientada a frenar el paroxismo del gobierno, a aclarar la visión del líder a fuerza de colirio Murine y volver los ojos al país, a los verdaderos problemas del país y tomar cartas en el asunto a la manera Robin Hood, a la manera de ortodoxa de Starsky y Huctch, o a la del Padre Óscar Arnulfo Romero, porque a la manera de Bolívar y de Miranda parece que se agotó de tanto prostituir sus nombres. Y por ahí anda la carta, llamando a la reflexión, a la prudencia y a la sindéresis entre los pueblos hermanos de Colombia y Venezuela, cuyas firmas la encabeza la de García Márquez y Ramón J. Velásquez y como en este país los notables están como el paují de copete, o sea en peligro crítico de extinción, otros señores menos intelectuales de este suelo firman la misiva.
El 4F del 92 usted pronunció un “por ahora” exhortando a sus compañeros a deponer las armas exponiendo como razones que los “objetivos planificados no habían sido alcanzados”
Usted tiene 9 años en la presidencia. Así nomás por curiosidad, no es que yo quiera incomodarlo, por pura curiosidad y a riesgo de que me llame estúpida, le pregunto ¿a usted le parece que los objetivos que ha planificado, sean económicos, políticos o sociales, fueron alcanzados, no digamos que en un 40, ni en un 30, faltaba más, sino al menos en un 20%? ¿Usted de verdad piensa que el pueblo está mejor de lo que lo dejó la cuarta? ¿Usted de verdad cree que la revolución es esto de insultar un día a la Oligarquía criolla, de amenazarla con acabar con ella y otro día cualquiera llamarla a la concertación, a que se unan en fraternal camaradería, al proyecto bolivariano del país? ¿Usted de verdad cree todo eso o son ganas de joder suyas, propias del carnaval, del eterno carnaval político en que vivimos los venezolanos?