"Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio. ¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!"
Parte del discurso pronunciado por Gaitán el 07 de febrero de 1948, el mismo año en que murió, ante un río de pueblo que herido en su dignidad por los crímenes e injusticias del gobierno, y alzando banderas de luto en la Plaza Bolívar de Bogotá, encontró en la voz de Gaitán, su propia voz.