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viernes, 11 de abril de 2008

EL 11 DE ABRIL

Ha de haber sido en enero de este año cuando el amigo Luis Carlos solicitó uno de mis escritos para publicarlo en Global Voices, un blog que recoge... eso, las voces del mundo, escrito en inglés.
Luego de leer el post, comentó alguien, creo que una dama, lo siguiente:
"Venezuela is a funny country. Very curious. I remember the Asterix’s cartoons when they said: “This crazy romans”


Debo admitir que mi inglés es de un barato que ni Miami en la época de 4,30, pero bueno de algo sirvió el drama que fue mi bachillerato, amén de que no tenía que traducir la quinta enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, ni mucho menos.
Suficente inglés tuve como para que me molestara el hecho de que a los "civilizados" del mundo siempre les parezcamos "funny", divertidos, alegres. Pero también lo tuve para comprender que lo que yo dije con ironía ella lo interpretó como un capítulo de "Los tres chiflados"
En fin...

Todo el día de hoy, que me metí una buena dosis de "11 de abril/2002", a través de Venezolana de Televisión, le dí gracias a Dios, gracias a Dios, que ni para esto nosotros tengamos la suficiente seriedad o siendo benevolente, la suficiente experiencia y si me voy más lejos, que hasta para esto seamos, como dice la comentarista, de un "funny"

Me explico. A Allende le dieron un golpe de estado y hubo lo que aquí, y vamos, lo que suele haber en esos casos: tiros, militares golpistas, militares alzados; la CIA, el Imperio, el pueblo en la calle, las bombas, asesinatos. Pero allá no salió ningún General 5 estrellas a decir así con su cara bien lavada y un español diabólico y torpe "se le pidió la renuncia al presidente, la cual aceptó" ¿Se le pidió? y a mí que no me abandona la profesión le preguntaba, ajá General Lucas Rincón, ¿sujeto de la oración? Porque una oración con la que se anuncia que ya el que mandaba no manda más, pues por lo menos un sujeto decente tiene que tener. Ajá Lucas y más o menos, ¿quién le pidió la renuncia? Y más o menos, ¿ dónde está? Porque un documento que dice que el que estaba ya no estará más, debe por lo menos mostrarse aunque usted sea muy general y sus estrellas del mismo cielo hayan bajado para adornar su lindo e inútil uniforme, porque garantía, lo que se dice garantía así como las que le dan a uno cuando compra un refrigerador General Electric, para mí, ese uniforme y sus estrellitas, no era.


Le sucedió lo mismo a Perón, y ni en Santiago de Chile ni en Buenos Aires, con risitas patéticas, vimos a un "Carmona Estanga" guapo y apoyao, borrando de un brochazo la Constitución del país, disolviendo la Asamblea Nacional y destituyendo de sus cargos a Ministros y demás.
Nada de eso: los golpistas se hicieron de la presidencia. El presidente chileno fue asesinado y el otro tuvo una suerte menos terrorífica.


No quiero decir con esto que semejante suerte debió correr nuestro país. La de aquí fue tan tragedia como aquellas, los hechos de aquí fueron tan infames y criminales como aquellos, pero no hay que negar que allá hubo una mayor correspondencia entre los hechos y sus protagonistas, un rasgo de seriedad, tal vez de conciencia de rol, que ante mis ojos al menos, le confiere mayor respeto.


En ese sentido, admitiendo que golpe es golpe y es tragedia, aquí el golpe tuvo signos de aproximación a una vulgar parodia. Es que me imagino ( y siempre me lo imagino) aquellos buitres reunidos, preguntándose unos a otros: ¿Y ahora qué hacemos? Llamemos a Bush, a ver qué recomienda. Me imagino discutiendo los nombres de los próximos ministros: No, este no. Este sí. Como si se tratara de un remate de zapatos.


Me imagino a los brillantes abogados redactando el documento que según Carlos Molina Tamayo, los ilustres abogados de la República, debían revisar de modo que tuviera "el impacto DEMOCRÁTICO nacional e internacional" (más nada!). Y vaya si lo tuvo.
Yo escucho el contenido del decreto y la auto juramentación de Carmona y todavía me causa perplejidad la gente aplaudiendo el disparate hasta llegar al paroxismo. Pero cuando miro a quienes estaban presentes apoyando ese crimen, cuando los veo firmando el decreto, no puedo más que acordarme, avergonzadamente, de la señora, y exclamar: ¡They are so funny! Porque es que "funny" son esa comparsa de delicuentes que después se retractaron: ¿yo? ¡Yoooo! Yo, no estaba ahí. ¿Yo? Yo firmé fue una lista de invitados. ¡Por Dios! Tamaña cobardía. Semejante fraude.


"Funny" fueron los medios de comunicación de este país, pasando comiquitas mientras se mataba el pueblo en el puente Llaguno para luego indignarse porque les quitaron la concesión.
Y "funny" es el sistema judicial de este país porque presos y mal recomendaos deberían estar todos los que se retrataron gozosos para las páginas de la historia, mientras el pueblo pendejo de batía en las calles a muerte. "Funny" es también la excusa del gobierno: aquí se respetan los derechos humanos. Ah, los derechos humanos de los golpistas, ¿Y los nuestros? ¿Y los de los muertos?
¿Y qué hacemos con la Justicia? ¿Nos limpiamos el trasero con ella? ¿Una vez más?


La muerte es entendible y hasta justificable en la medida en que el que muere lo hace por enfermedad, por vejez. Cuando se muere en la guerra o en medio de estos actos, la muerte adquiere una dimensión distinta, se vuelve un sabor amargo.
Pasados los años no dejo de preguntarme si los asesinados el 11 de abril tienen una razón patriótica que justifique de alguna forma la tristeza y el vacío que dejan en sus familiares y esta llaga que le dejan a la historia de este pueblo.


Si estas muertes no se pueden justificar, aplicando las leyes a los responsables del golpe y a los que derramaron la sangre sagrada del pueblo, entonces todo acto de conmemoración se convierte también en una parodia, en un "funny" desaliento.